Glosario de sostenibilidad
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- Partes por millón
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El cambio climático causado por los gases de efecto invernadero ha provocado que una unidad de medida tan técnica como las partes por millón (ppm) haya pasado a formar parte de nuestro vocabulario habitual. Ésta consiste en una forma de contar la cantidad de un determinado gas que hay en la atmósfera.
Si se dividiera la atmósfera en cubitos, la unidad se referiría a cuántos cubitos de CO2 habría en un millón de cubitos de atmósfera. Las últimas mediciones del Instituto Polar Noruego indican que en la actualidad hay más de 390 ppm. Antes de la revolución industrial la cifra estaba en torno a las 280 ppm y en la década de los 50 había aumentado hasta las 315 ppm.
Los científicos son capaces de estudiar la composición de la atmósfera de hace cientos de miles de años gracias a las muestras de ella que quedan atrapadas en el hielo que se formó en esas épocas y que aún perdura en los casquetes polares. Los análisis revelan que, en los últimos 650.000 años, las partes por millón de CO2 nunca han estado por encima de 300, a pesar de que a lo largo de todo ese tiempo ha habido varios periodos glaciales y también varios de calentamiento.
Por el momento, los investigadores han conseguido describir las oscilaciones de CO2 y de temperatura de los últimos 800.000 años, aunque están próximos a extender la medición hasta el último millón de años. En ese tiempo, los indicadores de dióxido de carbono y las temperaturas han evolucionado de forma paralela. La cifra actual de 380 ppm de dióxido de carbono también lleva emparejada la media de temperatura global más elevada del último millón de años.
Los expertos del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) sitúan en 450 ppm el límite máximo antes de que las consecuencias del calentamiento sean irreversibles. A la vez, consideran posible que se alcancen las 600 ppm antes de final de siglo. En la actualidad, el ritmo de crecimiento del dióxido de carbono en la atmósfera es de 1,4 ppm cada año, por lo que, a esa velocidad, podríamos alcanzar el umbral de lo irreversible en los próximos 50 años.
A partir de ese punto, según el IPCC, el aumento de temperatura que se produciría fundiría los hielos continentales de Groenlandia y buena parte de los glaciares de montaña. Ese agua, que ha estado retenida en tierra durante milenios, iría a parar al mar, lo que haría aumentar el nivel medio de los océanos casi 10 metros, provocando la inundación de muchas ciudades, como Sevilla o Nueva York, por poner sólo dos ejemplos.
Además, la frontera de los desiertos ascendería hasta la latitud de Gibraltar, lo que dejaría sin acceso a agua a millones de personas en el norte de África. Y, mientras, otras zonas de Europa sufrirían un aumento en la frecuencia de inundaciones extremas debido al incremento de la evaporación del agua de los océanos, según las previsiones del último informe del IPCC, presentado en 2007.
Al mismo tiempo, el umbral máximo de aumento de temperatura, superado el cual se colapsaría el actual sistema climático, es de 2 ºC con respecto a la temperatura media de 1880. En la actualidad, el aumento de 0,7ºC ha ocurrido en 127 años, algo que en anteriores periodos interglaciales duró varios miles de años. De continuar al mismo ritmo de calentamiento, se llegará al punto crítico de 2 ºC de aumento en menos de 400 años, algo que en anteriores oscilaciones ha tardado millones de años.
El aumento de un solo grado centígrado en la temperatura media del planeta, cifra que se alcanzará en menos de 50 años al ritmo actual, según las previsiones del IPCC, ocasionaría graves cambios, entre ellos un calentamiento en los trópicos de 0,6º C, y en las zonas polares, de 6º C. Ello también provocaría que los vientos alisios se desplazaran hacia el norte, lo que a su vez traería, entre otros efectos, la disminución de las lluvias en la cuenca norte del Amazonas a la mitad y su consiguiente desecación. La consecuencia final sería la pérdida del mayor pulmón de la Tierra, tal y como lo conocemos, por lo que se hace urgente tomar medidas de caracter universal para impedir que esto suceda.
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